El rastro comenzó con un iPhone encontrado en la escena de un quíntuple homicidio en Lampa, en julio de 2024. El dispositivo, perteneciente a una integrante de la banda, permitió a la PDI reconstruir una arquitectura financiera que movió más de 75.771 millones de pesos —cerca de US$85 millones— a través del sistema bancario chileno y peruano.
La investigación, denominada Operación Tokio, destapó una red de sofisticación inédita. La banda logró infiltrar instituciones financieras: un ejecutivo de Banco Santander desactivaba alertas internas de cumplimiento, mientras una funcionaria de BancoEstado aparece vinculada al esquema. Un contador chileno conectado a 45 sociedades fachada completaba el denominado “pilar profesional” de la organización.
Para evadir los controles, el Tren de Aragua desplegó más de 800 “mulas de dinero” reclutadas mediante ofertas laborales falsas o estafas románticas, pagándoles apenas $60.000 pesos por prestar su identidad. Las dos empresas núcleo de la operación —BexDigital Services SpA y BexGroup SpA— concentraron el grueso de los movimientos sospechosos.
El dinero también viajó por rutas fuera del alcance del sistema SWIFT: efectivo recaudado en Chile se convertía casi en tiempo real en criptomonedas a través de plataformas como Binance, acreditándose en Colombia o Venezuela sin dejar rastro. La Fiscalía logró congelar apenas US$300.000 en activos digitales.
Un elemento que agrava el cuadro: la Unidad de Análisis Financiero (UAF) había enviado al menos cuatro reportes de alerta sobre las empresas y el ejecutivo bancario antes incluso de la masacre de Lampa. Los documentos, según la investigación, no recibieron la atención necesaria.
“Investigar estos delitos sería más sencillo si la Fiscalía pudiera revisar las cuentas sin autorización judicial”, declaró el Fiscal Nacional Ángel Valencia, apuntando a las limitaciones del secreto bancario vigente.
El caso expone una realidad preocupante: una organización criminal que ya no opera como banda callejera, sino como una estructura corporativa que ha aprendido a explotar las grietas del sistema financiero, migratorio y burocrático chileno.
